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25 de junio de 2012

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La web sabe de usted mucho más de lo que usted mismo cree. Y eso también lo saben los head hunters que lo googlean cada vez que usted va a una entrevista de trabajo.

Me acabo de dar cuenta de algo que puede ser un poco aterrador: pocos me conocen tanto como internet. Siempre me jacté de tener un bajo perfil cibernético. Cuando mis amigos me han pedido que instale 4square para georreferenciarnos a través de la red, digo que no me interesa que todos sepan dónde voy. Tampoco me gusta la idea de especificar creencias religiosas ni políticas en Facebook y menos poner mi situación sentimental con esa larga lista de opciones como “es complicado” o “prometida”.

El que sabe en qué estoy, sabe. Y punto. De hecho, muchas de mis fotos están vetadas para esos “amigos” que ni siquiera son tan amigos. Y en Twitter tengo 490 seguidores, una cifra que para muchos puede ser un insulto a la popularidad, pero que para mí es más que suficiente. Ni siquiera sé por qué me siguen, si apenas escribo 1,9 tweets al día.

Pero esta semana supe que todos esos esfuerzos han sido inútiles. Tengo un informe que elaboró Marca Social Inc, una empresa chilena que se dedica a potenciar y proteger la imagen de las personas en la red , y comprobé que en internet circulan muchos más datos de mi vida íntima de los que quisiera. Y peor aún, que están disponibles para que cualquier fulano los vea.

“Algunos gustos personales: Les Luthiers y Fito Páez. Le gusta el chocolate, siendo la variedad preferida el blanco y su trago favorito, el vino Late Harvest”, decía parte del informe. Es como si le hubieran preguntado a mi mamá los placeres de su hija. Aunque en realidad estoy segura de que ni siquiera ella podría responder lo mismo con tanta exactitud.

Con esos datos me sorprendí: específicos, pero después de todo, inofensivos. Pero con otros, me asusté. Nunca puse, explícitamente, que algunos días estoy en pie a las 7 de la mañana. Y sin embargo, el informe acierta el horario en que me despierto. Yo misma daba pistas, sin siquiera darme cuenta, aun cuando lo que más he buscado siempre es ocultarlo. Bastaba ver la hora en que tweeteaba. Así supieron mi rutina entera: que me duermo pasada la una de la mañana, que los días jueves me voy del trabajo tarde en la noche y que los fines de semana me acuesto cerca de las cuatro de la mañana.

Si piensa que está ajeno a esta realidad, tal como yo lo pensaba, se equivoca. Internet dice mucho de nosotros, incluso si nos preocupamos de ser anónimos. Cada vez más empresas a nivel mundial se dedican a analizar detalladamente toda la información disponible en la web de una persona en particular, tanto para potenciar su imagen en la red como para saber más acerca de ella. Una estrategia en la que en países como Estados Unidos, Inglaterra y España son pioneros y que va más allá de revisar las tres primeras páginas de resultados de Google. La finalidad es analizar lo que ellos llaman reputación online. ¿Qué significa? Saber todo lo que aparece sobre usted en la red. Desde videos, noticias, fotos y redes sociales, hasta algún comentario de terceros o alguna participación suya en un foro antiguo. Todos esos datos configuran lo que los expertos llaman Marca Personal y que va de la mano con la reputación on line, que evidentemente puede ser buena o mala. Reputación que, en estos tiempos , finalmente, es la que más vale a los ojos de los extraños.

Iván Pino, español y consultor Senior de la empresa Llorente & Cuenca, señala que por su importancia, hay que aprender a manejar esta imagen personal. “Google es un monitor de reputación y debería interesarnos como personas y profesionales. Internet tiene un grado de exposición muy grande que la mayoría no lo dimensiona”, dice a La Tercera.

Yo, definitivamente, no lo dimensioné. Aunque el informe dice que soy “poseedora de una adecuada reputación online” y que “mi información íntima es de tipo controlada”, en menos de 1.300 tweets y 4.000 al buscar mi nombre en Google, encontraron no sólo mis antecedentes universitarios y laborales, sino que también datos que yo creía que solo los más cercanos conocían: el nombre de mi pareja, dónde lo conocí, tiempo que llevamos juntos, su creencia ideológica, su actual trabajo y hasta los planes de matrimonio. Vimos juntos el informe. El también se sorprendió de esas pistas que entregábamos cada vez que interactuábamos. Es información que lleva casi 10 años online como, por ejemplo, un mensaje que me mandó hace nueve años y que comentaba que llevábamos meses pololeando. Era cosa de restarle a 2012 el año de ese posteo y estaba la cantidad de años de pololeo.

Y así con todo: sin especificarlo, lo decíamos. Lo mismo pasó con las conversaciones con amigos, con los links en Twitter, con los perfiles abiertos de Facebook de mis más cercanos. Sumando y sumando, aparecían cada vez más detalles de quién soy.

Delete

Hay cosas que preferiría que desaparecieran. Imágenes que suponía que estaban solo en los computadores de mis compañeros de universidad. No dañan mi dignidad, pero son photoshopeos de caras (supuestamente humorísticas) que desde hace una década están archivadas en internet y que ya no me dan risa... Sería lo primero que me gustaría borrar. Pero no soy solo yo, esto de borrar se ha convertido en una aspiración masiva.

En Marca Social Inc, por ejemplo, han recibido cada vez más personas que piden que borren o que pongan cierta URL , imagen o video en las últimas páginas de los buscadores de Google. Es lo que ellos llaman “limpiar la reputación online” y que representa el 86% de las asesorías entregadas a particulares.

“Hace unos años, en tiempos de estudios universitarios, escribí algunas críticas con una marcada tendencia ideológica con las cuales ya no me siento identificado. En cualquier momento esto puede acarrearme un problema”, escribía un hombre que pedía una cotización.

Entre 2011 y 2012, las solicitudes de particulares como éstas aumentaron en 42% y actualmente representan el 72% de los clientes que tienen en esta compañía, el resto son empresas. “La gente común y corriente se arrepiente de cosas que ellos mismos pusieron y que comprenden la repercusión que tiene tiempo después”, dice Edgar Bok, director general de Asesoría Seo en Marca Social Inc.

Cuando me dijo eso, me acordé que yo misma fui cómplice de esa humorada del PhotoShop. Y ahora ya es tarde para arrepentirse. Pero me autoconsuelo: por lo menos, las fotos no están en los primeros resultados de búsqueda. Eso es de gran ayuda: el 93% de las personas no pasa de la primera página cuando realiza una búsqueda, según el libro Reputación Online Para Todos, del español Oscar del Santo.

Bok cuenta que el 66% de sus clientes son hombres. Y que a diferencia de mí, sus nombres están vinculados a aspectos negativos en los primeros links. En su mayoría, ellos llegan por difamaciones de otros o causas ligadas, por ejemplo, a temas de tránsito. Las mujeres, en cambio, por temas íntimos como videos, fotografías u opiniones en blog.

En su mayoría son profesionales jóvenes, que un día cualquiera vieron en la web datos sobre ellos mismos que habían olvidado que existían. El informe me volvió a recordar otros errores que cometí. Aparecía como referencia una página desconocida. Ahí estaba yo con mis nombres completos. Era la web de las ex alumnas de mi colegio. No es que tenga algo con el establecimiento, pero me molesta que esa información esté ahí, ¿para qué? Y claro, fui yo misma la que di mis datos cuando el colegio me los pidió para que apareciera en la lista de ex alumnas.

Muchos solicitan información sobre cómo esconder datos de ellos mismos, pero también hay otro tipo de cliente: los padres. Un caso que recuerdan es el de uno que pidió borrar información que habían subido los compañeros de colegio de su hija. “Se ha propagado por la red. Tuvimos que cambiarla de curso y luego de colegio”, decía.

El monto que hay que invertir para que internet olvide no es menor. Si yo quisiera desposicionar de Google aquellas fotos y esconderlas aún más, tendría que desembolsar, como mínimo, $100 mil pesos y si las quisiera borrar tendría que pagar desde 150 mil pesos, aunque no siempre se puede.

Google Test

Me dicen que me quede tranquila, que esas fotos no afectan en mi reputación y que “los contenidos online no proyectan informaciones negativas o adversas que pudieran afectar la credibilidad personal y/o profesional”. Dicen que han visto cosas peores, gente angustiada por las consecuencias que les acarreó que internet supiera tanto.

“Te cuento que hace tiempo trabajaba como modelo y promociones. (...) Hoy en Google, al poner mi nombre aparecen fotos mías. En mi trabajo me están solicitando quitarlas a la brevedad de la web. Es un problema que me está afectando mucho”. Tal como esta mujer, la mayoría de los chilenos quiere mejorar su imagen online para una finalidad: obtener, o permanecer, en un trabajo.

La búsqueda en internet de información sobre candidatos a puestos laborales es un secreto a voces. En Estados Unidos, los estudios han demostrado que el 77% de los reclutadores buscan en Google a los candidatos. Y 51% no es contratado por su reputación online, según cuenta Andy Beal, pionero en este tema y autor del libro Radicalmente transparente: monitoreando y manejando la Reputación en Línea. “Es vital entender que todos tenemos una reputación online. Incluso la ausencia de información en internet puede causar suspicacias en los empleadores”, dice a La Tercera.

Los reclutadores de ese país reconocen que la principal causa de descarte fue que los candidatos habían mentido en sus cualidades, según una encuesta realizada por la empresa Reppler, que ayuda al manejo de imagen. Pero también habían rechazado candidatos porque la persona criticó a un antiguo empleador, demostró pobreza en sus habilidades comunicacionales o posteó fotos o comentarios inapropiados.

En ese sentido, me advierten que, si bien mi información privada no afecta mi credibilidad profesional, tengo que tener precauciones porque “la presencia web está ligada directamente al oficio y profesión que ejerzo como periodista”: artículos, referencias a trabajos previos e incluso videos, uno de ellos que por primera vez vi en Youtube, en donde hablo de una investigación que hice.

De acuerdo con María Angélica Zulic, gerente general de Laborum.com, en Chile googlear también es una práctica frecuente. “Los reclutadores lo hacen bastante. Ingresan el nombre y evalúan sobre la base de lo que encuentran. Por eso nunca hay que dar información de requisitos de salario, religiosa o política, porque pueden ser mal interpretados”, dice.

En Marca Social Inc me explican que ciertos links de noticias que he puesto pueden encasillarme en creencias que, aunque quizás no son ciertas, podrían ser motivo suficiente de descarte en una preselección.

“En los últimos meses los head hunter están pidiendo informes de reputación online para candidatos de trabajo en puestos altos. Buscan que tengan ideologías y valores similares a la empresa para no arriesgarse a proponer alguien que vaya contra la imagen de la compañía”, dice Bok. Este tipo de solicitudes es incipiente en su empresa, pero va en aumento: si en febrero tenían solo 11% de peticiones de head hunters que solicitaban reputación online de personas que postulaban a trabajos, en mayo aumentó a 39%.

Marca Registrada

Sin tenerlo en cuenta, en una de mis primeras búsquedas de trabajo, Google me jugó una mala pasada. Todavía no salía de la universidad y me llamaron para un trabajo. Cuando me senté con mi futuro jefe, me preguntó sobre mis intereses. Y ahí puse play a la larga lista de consejos. Terminé creyendo que el trabajo era mío.

-Se te olvida algo, me dijo él.

-¿Qué cosa?

-Que eres fanática de Ricky Martin.

Me reí. Me puse roja de vergüenza y él creyó que había descubierto uno de mis placeres culpables. Le expliqué que no, que alguna vez había bailado María en mi niñez, pero que ni siquiera tenía su discografía.

No me creyó y dijo, a renglón seguido, que tenía una prueba irrefutable.

- “En Google apareció una Noelia Zunino, argentina, parte del Fans club de Ricky Martin. No creo que haya otra más”.

Me quedé en blanco. Incluso dudé de si alguna vez había sido fanática de él. Para sacarme la duda, me googlé por primera vez. Y ahí estaba, la otra. Mi tocaya. Convocando a las fanáticas de Ricky a que fueran a recibirlo al hotel y que armaran pancartas con corazones. Por suerte, unas cuantas páginas de Google más allá, la encontré en un video gritando por Ricky. Era mi prueba de que ella, no era yo.

Todavía sigue ahí. Pisándome los talones cada vez que me googleo. Algo que, según la compañía, es un reflejo de que tengo una marca personal débil. Si ella aparece en la primera página del buscador es un anzuelo para que esta confusión se vuelva a repetir.

De acuerdo con Bok, en Chile la gente no está preocupada de desarrollar su marca en internet. Y eso le puede jugar una mala pasada. Cuenta que un pediatra prestigioso tenía una buena reputación de boca en boca, pero cuando la gente lo buscaba aparecía alguien con su mismo nombre, pero que era gásfiter en México. “Al no tener desarrollada la marca persona, esos alcances de nombre podrían dar para confusiones o para que otros hablen más sobre ti”, dice Bok.

Oscar del Santo fue uno de los primeros que empezó a hablar en España de reputación online. Se dio cuenta de que puede ser igual de peligroso poner cosas de la vida íntima que no escribir nada, como si uno no existiera. Explica que eso hace que otras personas al subir cosas de nosotros, lideren las primeras búsquedas. “Siempre es mejor que hablemos nosotros de nosotros mismos. Tener Twitter y Facebook, porque así manejamos nosotros la información y esas páginas siempre están entre las primeras cinco posiciones. Así evitamos que queden primeras las páginas e información que ponen terceros”, dice a La Tercera.

Cuenta, incluso, que hay empresas que pagan para que personas en cargos importantes mejoren su reputación online. Para eso, las consultoras como Marca Social Inc tienen estrategias para crear una marca personal y mejor reputación online con videos full HD, Twitter o un youtube personalizado.

Me dicen que sería aconsejable que yo lo hiciera, que no puedo permitir que una niña fanática de Ricky Martin, con todo el respeto que me merece, me gane las primeras páginas de Google. Sería Noeliazunino.com. Y en mi URL estaría mi profesión para que ya no quedara duda que yo soy yo. Para eso tendría que desembolsar entre 150 mil a 700 mil pesos, que es lo que vale crear una buena reputación online. Dicen que en esta web 2.0 será cada vez más necesario. Pero aún no me convenzo. Si a mí, con todo lo que encontraron, me dijeron que tenía un área de exposición íntima que era baja, prefiero conformarme con que otros están peor que yo. Pienso que aquellos que twittean más, que tiene sus perfiles de Facebook abiertos, que se georreferencian, no tienen idea de todo lo que internet sabe de ellos. Yo, al menos, ya lo sé.

La Tercera

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